Es interesante observar que uno de los grupos más prolíficos de la música de principios de los años 60 surgió de La Línea de la Concepción, en Cádiz, una localidad que podría parecer alejada de los centros musicales emergentes de la época. Sin embargo, desde finales de la década de 1950, en el extremo sur de la península, las ondas de emisoras como Radio Gibraltar, Radio Tánger y la estación de la base norteamericana de Rota se escuchaban con frecuencia. Entre los jóvenes que sintonizaban estas emisoras se encontraban algunos chicos de La Línea que decidieron formar una banda musical.
El motor de este proyecto fue José Gómez, quien tocaba la guitarra y hacía coros. Pronto convenció a sus vecinos Agustín Martínez, baterista y vocalista, y Carlos Jaime, saxofonista y pianista, para unirse a la aventura. La búsqueda de un bajista resultó más complicada, pero finalmente reclutaron al portugués Ricardo Oliveira. Con un equipo bastante precario, la banda comenzó a presentarse en distintos lugares a partir de 1960. Durante el verano de ese año, tuvieron la oportunidad de actuar en Ceuta, donde conocieron a José Garzón, quien se convertiría en su manager. En 1961, después de participar en varios bailes y festividades, viajaron a Madrid para concursar en el I Festival Internacional de Conjuntos Musicales, donde obtuvieron el segundo premio, dotado con diez mil pesetas y un trofeo proporcionado por Gallina Blanca, superando a grupos reconocidos como Los Pekenikes. De esta manera, pasaron de ser desconocidos a aparecer en diarios y revistas.
Tras este éxito, firmaron con la discográfica Belter. En 1962, el fenómeno del twist estaba en auge, y grabaron varios EP dedicados a este ritmo, que se vendieron con éxito moderado. Regresaron a Madrid para participar en una de las emblemáticas matinales del Price y actuaron durante varias semanas en clubes de la cadena Consulado. Sin embargo, su discográfica impuso grabaciones de compositores de la casa y adaptaciones que no contribuían a la carrera del grupo. Durante 1963, continuaron actuando y comenzaron a presentarse en Marruecos y Portugal. Publicaron nuevos discos que intentaban adaptar ritmos extranjeros como el madison, el popeye y el surf al público español. Su música se caracterizaba por una estructura sencilla, con una voz solista, coros, guitarra rítmica, un bajo y una batería básica, además de un saxofón tenor que solía ofrecer breves solos.
Todo parecía ir bien hasta que el servicio militar desintegró al grupo en 1964. Carlos y Agustín debieron cumplir su servicio en España, mientras que Ricardo lo hizo en Portugal. The Rocking Boys dejó de existir durante varios años, y ni Carlos ni Ricardo regresaron al grupo. A finales de 1965, José y Agustín decidieron reconstituir la banda, incorporando a Juan Ruiz en el bajo y Salvador Maruenda en el órgano.
Retomaron su actividad con un estilo claramente pop, participando en festivales en Mallorca, Duero y León, y registrando más discos en formato EP, que incluían las canciones que defendían en los festivales, así como versiones de temas británicos y estadounidenses.
En 1966, se separaron de Garzón, quien en ese momento estaba enfocado en la carrera de The Brisks. Se trasladaron a Barcelona, donde actuaron en el San Carlos Club, conocido por la canción homónima de Los Sirex, y también en la Costa Brava. Posteriormente, se establecieron brevemente en Madrid, donde actuaron de nuevo con frecuencia en el centro y sur de España. La última etapa de su carrera tuvo lugar en Bilbao, donde se produjeron cambios en la formación, hasta su disolución definitiva en 1969.
Ricardo, Salvador y, más recientemente, Agustín han fallecido. En febrero de 2019, también nos dejó José Gómez, conocido como Pepe Cañizares.
The Rocking Boys representa un ejemplo de aquellos grupos que conformaron la segunda línea de formaciones de los años sesenta, enfrentándose a menudo a las imposiciones de sus discográficas, que poco tenían que ver con su estilo en directo. Estos artistas debieron adaptarse rápidamente a unos gustos juveniles en constante cambio, lo que les obligó a renunciar a su propia identidad musical.